sábado, 14 de octubre de 2017

La llamada (reseña)



La llamada es una de esas películas que fui a ver al cine sabiendo que me iba a gustar. No solo porque los directores —Javier Calvo y Javier Ambrossi— nos están empezando a acostumbrar a obras de una altísima calidad y rebosantes de creatividad como Paquita Salas, sino porque ya conocía la obra original. Esta película, que se estrenó el 29 de septiembre de 2017, es una adaptación de la obra teatral homónima y dirigida por los mismos autores y que protagonizaron originalmente Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta, Gracia Olayo y Richard Collins-Moore, los mismos nombres que encabezan esta película.

La historia de La llamada está ambientada en un campamento segoviano de monjas llamado La brújula. La misma noche en que Susana y María tienen pensado escaparse a un concierto de Henry Méndez, María recibe una visita que hace que se pregunte cuál es su lugar en el mundo. La historia nos habla de aceptación, tanto en el sentido del respeto que debemos a los demás como el que debemos profesarnos a nosotros mismos.

El estilo de los directores consiste en yuxtaponer un lenguaje y unos personajes realistas con una circunstancia extraordinaria que, en el caso de La llamada, se refleja hasta en el hecho de que sea un musical. Es un auténtico placer ver un cine hecho aquí en que se cuiden los diálogos con tanto mimo y se pretenda que cualquier espectador pueda verse reflejado en los personajes, al tiempo que se persigue una fotografía ambiciosa y onírica.

El trabajo de guion está complementado por el que hacen las actrices, que consiguen ahondar en aquellos aspectos de sus personajes que solo se sugerían en el escenario y que, gracias al cambio de medio, ahora están más elaborados. Es imposible destacar a una actriz sobre la otra porque son cuatro pilares fundamentales para que la película funcione, sobre todo cuando se trata de un proyecto tan pasional como este.

La otra protagonista de la cinta es la música, que refleja también esta intención realista que mencionaba con el uso de canciones ya existentes y temas originales como forma de representar a los personajes. Se han actualizado las partituras para beneficiarse del hecho de que son audios grabados y no es necesario que tengan en cuenta que hay que cantarlas en directo.

La llamada tiene en su contra una de sus principales bazas: el mensaje de aceptación de pensamientos distintos al tuyo. Los defensores acérrimos de la iglesia católica verán un mensaje de burla contra la religión, mientras que los no creyentes se echarán atrás en el momento en que vean una monja en el cartel y léan las primeras líneas de la sinopsis. No hablemos ya de quienes no van a ver un musical ni anestesiados. La realidad es que es uno de los estrenos más originales y, probablemente, la mejor muestra que hemos tenido en los últimos años del cine español joven. Cada vez me dan más pereza los premios, pero el Goya para La llamada es necesario.

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